Inmunidad, el gran reto.

Inmunidad, el gran reto.

La clave de la gravedad en la dispersión o contagio de esta COVID-19 no es otra que las diferencias que existen entre los sistemas inmunes de las distintas personas que entran en contacto con el virus que la provoca. Algunas personas tienen una reacción débil, otras extremadamente fuerte y algunas otras equilibrada…


Numerosos estudios verifican que lo más peligroso de esta nueva pandemia es el estado hiperinflamatorio al que induce en muchos individuos, que puede terminar en una mastocitosis masiva con destrucción de nuestros propios tejidos y concluir con la muerte. Como en otras enfermedades, nuestro propio sistema defensivo desbocado puede generar grandes daños. Por eso es importante que la respuesta de nuestro Sistema Inmune sea proporcionada y controlada.


Además, cada vez parece más demostrado que la respuesta del sujeto es fundamental para explicar la gran variabilidad de escenarios posibles que nos encontramos cuando realizamos las pruebas de detección: PCR (detección de presencia del virus en el organismo) y pruebas serológicas (detecta haber tenido contacto con el virus y respondido defensivamente ante él, mediante anticuerpos- Ig).


Tanto en pacientes que han notado síntomas de la enfermedad (sintomáticos) como en aquellos que no han notado nada (asintomáticos), una PCR positiva o la presencia de Inmunoglobulinas (Ig) en sangre dan testimonio de que nuestras defensas han tenido o están teniendo un enfrentamiento con el virus, sin embargo un interesante estudio reciente, en el Hospital Universitario de Zurich (1), encontró que en pacientes con PCR positiva, con presencia de virus en las mucosas de las vías nasales, pero sin síntomas, podían encontrase IgA presentes en la secreción nasal, sin anticuerpos IgG e IgM en sangre, siendo esta línea defensiva suficiente para controlar el abordaje del virus a nuestro cuerpo, a diferencia de los pacientes sintomáticos que sí presentaban anticuerpos IgG e IgM en sangre.


Esto nos induce a pensar que, en algunas personas, bajas dosis del virus podrían neutralizarse a nivel de mucosas (barreras primarias) sin activación del Sistema Inmunológico Sistémico (“central”). También puede dar explicación a los casos de pacientes que presentan PCR transitorias (positivos por la mañana y negativos al día siguiente) y a las discrepancias entre las distintas pruebas (PCR, IgM, IgG) y la presentación clínica: desde personas que han convivido de forma cercana con enfermos y dan repetidamente negativo en los controles, a pacientes con constancia de haber pasado por la enfermedad de forma leve presentando los síntomas pero con resultados a las pruebas negativos o no claros.


La razón puede encontrarse en que, en estos casos, el Sistema Inmune Innato (barreras corporales, macrófagos, IgA, Linfocitos) es tan eficaz que puede detener la penetración y por lo tanto la multiplicación del virus en los primeros estadíos sin siquiera provocar una respuesta “central”… lo cual es positivo para evitar sufrir la enfermedad pero también facilita que puedas reinfectarte por no haber generado defensas con memoria suficientes (IgM) como para combatir la enfermedad en caso de un nuevo contacto profundo.


Por otro lado, en las personas en las que el virus ha superado dichas barreras primarias y se multiplica dentro de nuestro organismo, pero el Sistema Inmune Adquirido y la inmunidad celular han respondido correctamente (creando anticuerpos y sustancias como la interleuquina 6, que frenan la infección), queda constancia de su paso por el organismo mediante las Inmunoglobulinas de respuesta temprana (IgM) y tardía (IgG) pero sin haber sufrido los síntomas.


Este sería el caso claro que atañe a la mayoría de los individuos que propagan el virus sin darse cuenta: el de los portadores asintomáticos. Se supone que aproximadamente el 50% de todas las infecciones ocurren por transmisión presintomática (He X 2020).


Resumiendo, hay bastante consenso científico en que las pruebas de laboratorio no son el santo grial puesto que no hay una correlación total entre la analítica y la clínica. Lo que sí parece quedar claro es que, medidas de contención aparte (distanciamiento, mascarilla, etc.), lo más eficaz en la lucha contra esta y muchas otras infecciones es mejorar la situación de nuestro sistema inmune y de nuestras barreras naturales primarias.


Por un lado, la susceptibilidad a la infección probablemente esté influenciada por el genotipo del huésped (Williams 2020), lo que explicaría, por ejemplo el mayor porcentaje de COVID-19 grave en hombres y el curso similar de la enfermedad en gemelos.


Por otro lado, existe el fenómeno de inmunidad cruzada, por el que un alto porcentaje de individuos sin respuesta inmunológica (seronegativos) tienen linfocitos T reactivos a este virus probablemente por la exposición previa a otros coronavirus que tienen proteínas muy similares a las del SARS-CoV-2. Todavía no está claro si estas células T de reacción cruzada confieren algún grado de protección, son intrascendentes o incluso potencialmente dañinas si alguien que las posee se infecta de SARS-CoV-2 (Braun 2020, Grifoni 2020).


Lo que sí parece claro es que dicho Sistema Inmune se encuentra por lo general saturado en nuestra sociedad actual por el estilo de vida, la falta de sol, de sueño, de estímulos adecuados para activarlo, los excesos en la dieta y los estímulos nocivos, el estrés, la proliferación de alérgenos, contaminación, etc. En un estado que muchos expertos definen como proinflamatorio o hiperreactivo. El estado en el que se encuentre nuestro Sistema sumado a la concentración viral con la que se encuentre la persona pueden hacer que una genética favorable no sea suficiente para evitar la infección provocando respuestas o bien pobres o bien demasiado exageradas al virus con sus conocidas graves consecuencias.


Por esta razón, la actitud razonable, como mínimo hasta encontrar una vacuna, es la de reforzar nuestras azoradas fronteras contra la infección “desde dentro” y no confiar nuestros esfuerzos solamente al uso de barreras físicas extra corporales. Las medidas de contención tan frecuentemente mencionadas (mascarillas, distanciamiento, ventilación) favorecen a evitar que el virus entre en nuestro entorno y, por lo tanto, que un contacto con el mismo sea más improbable o de menor carga.


Pero, las preguntas a resolver serían qué medidas tomar para:


1.- si el virus entra en nuestro entorno, evitar que penetre en nuestro organismo


2.- si entra en nuestro cuerpo, tener una respuesta temprana que impida que entre en nuestras células reforzando las membranas de las mismas.


3.- Si penetra dentro de nuestras células diana, cómo ayudar a nuestro sistema a ganar la batalla con los menores efectos colaterales posibles.


Una dieta sana es parte de la respuesta para evitar el estado proinflamatorio. Evitar que nuestro organismo se encuentre lastrado o sobrecargado con el trabajo que le damos ayuda a que la respuesta a los patógenos sea más eficaz. Esto lo podemos lograr potenciando una dieta menos acidificante, baja en sal, con agua de calidad.


La suplementación en nuestra dieta también se está demostrando muy valiosa:


Otro recentísimo artículo, aún en fase de publicación (2), corrobora la menor necesidad de internamiento en cuidados intensivos en aquellos pacientes a los que se les suministraron dosis supletorias de Vitamina D (colecalciferol) frente a los que no la tuvieron llevando a cabo ambos grupos la mejor terapia posible contra el virus.


Es conocido que la Vitamina D, aparte de ser fundamental en el metabolismo del calcio, también juega un importante papel en el timo, órgano encargado de la gestión de los linfocitos T (como ya hemos hablado, células defensivas importantísimas para combatir las infecciones y estimular la respuesta inmune).


También es importante en estos tiempos suplementar la Vitamina C porque estabiliza la barrera epitelial (primera barrera física de protección) al favorecer la síntesis de colágeno, se acumula en las células inmunitarias y puede aumentar su capacidad de atrapar y destruir microbios. Además, se trata de un potente antioxidante cuya presencia en la población occidental se ha demostrado claramente deficiente.


Según la revisión publicada en la Revista de Nutrición Humana y Dietética (3), la vitamina C tiene efectos beneficiosos para el sistema inmune innato y adaptativo. Específicamente parece estimular las células Natural Killer y contener la disminución de linfocitos después del ejercicio. Mejora la quimiotaxis de neutrófilos acelerando la recuperación en las infecciones. Por el contrario, deficiencias en esta vitamina parecerían incrementar la susceptibilidad a infecciones, así como se han observado en individuos con distintas patologías crónicas, como por ejemplo el cáncer.


La Glutamina como aminoácido que refuerza las barreras de nuestras células pueden ayudar a  bloquear la entrada de intrusos en ellas.


Una flora intestinal equilibrada es otra de las claves para la salud en general. El uso de probióticos de calidad contrastada está demostrando ser muy eficaz contra infecciones oportunistas y dolencias crónicas.


Otras medidas importantes para mejorar nuestra resistencia frente a las infecciones tienen más que ver con nuestro equilibrio emocional puesto que se conoce que el estrés, la ansiedad y los estados depresivos debilitan al Sistema Inmune.


Para conocer más acerca de este tema puedes ver el vídeo enlazado donde la Dra. Sara Stankova, experta en Nutrición, nos habla de cómo mejorar nuestra Inmunidad a través de la correcta suplementación y el Dr. Lorenzo Bellini, sobre la importancia del equilibrio hormonal, a través de la actitud, para la estabilidad de nuestro de organismo.


 



 


Si quieres más información no dudes en consultarnos.


 


Hipócrates más vigente que nunca: ¡Qué tu alimento sea tu mejor medicina!


 


SALUD!!!


 


1.-Carlo Cervia, Jakob Nilsson, Yves Zurbuchen et al. Systemic and mucosal antibody secretion specific to SARS-Cov-2 during mild versus severe COVID-19. Department of Inmunology and Department of infectious Diseases and Hospital Epidemilology, University Hospital Zurich, Switzerland.


 


2.- Castillo ME, Entrenas Costa LM, Vaquero Barrios JM, Alcalá Díaz JF, MirandaJL, BouillonR, Quesada GomezJM. Effect of Calcifediol Treatment and best Available Therapy versus best Available Therapy on Intensive Care Unit Admission and Mortality Among Patients Hospitalized for COVID-19: A Pilot Randomized Clinical study ?, Journal of Steroid Biochemistry and Molecular Biology (2020).


 


3.- San Mauro-Martín I. Garciano-Villar E. Papel de la vitamina C y los b-glucanos sobre el sistema inmunitario: revisión. Revista Española de Nutrición Humana y Dietética. 2015. 19(4)

  • 21-09-2020